23.08.2008 17:11 / Mis artículos
En psicoanálisis tenemos asumido que lo único que cuenta es la realidad psíquica. La realidad material es algo que pudo existir, pero es secundaria. La realidad psíquica es la que puede aspirar a ser causa de algún efecto trascendente para nuestra calidad de vida, tanto sea para nuestro bienestar como para nuestra pesadumbre. A la realidad material me la imagino como todo aquello que sucede fuera del cine cuando estoy metido dentro de la película que me hace experimentar emociones, recuerdos, ¡vivir!
El tema del incesto siempre me ha llamado la atención porque recuerdo con mucha nitidez cuántas ganas tenía de ser el amante de mi madre, que por otra parte era muy parecida a Araceli González pero no tan artificial.
Cuando comparto estos recuerdos, la mayoría de las veces provoco expresiones de asombro, de escándalo o de extrañeza. Asombro de quienes seguramente tuvieron las mismas fantasías que yo pero que jamás las comentarían, no tanto por pudor sino para disfrutarlas mejor en su intimidad afectiva; de escándalo de quienes consideran que se disfrutan mejor los deseos si se pueden transformar en una tragedia griega, con abundante conflictiva social, moral, religiosa; y extrañeza de quienes no recuerdan haber tenido fantasías de ese tipo. Estos me miran como si yo fuera un marciano.
En los ambientes donde me muevo, esta última categoría es la mayoritaria y he concluido que son los más eficaces conservadores del placer que tuvieron con la realidad psíquica de tener relaciones sexuales con sus co-sanguíneos.
Asumiendo que el Edipo es universal, afirmo que todos somos incestuosos pero esta experiencia puede haber sido simbolizada o no.
No es simbolizada cuando está tan negada que no se tiene ni la más lejana idea de los apasionados encuentros amorosos que se tuvieron con papá, mamá, el hermano o la tía.
En estos casos puede suceder que el sujeto evite inconcientemente todo aquello que pudiera estropear tan bien guardadas experiencias y por eso no quiere recibir dinero, no quiere participar en transacciones porque el dinero les recuerda el placer y la transacciones les recuerda los actos sexuales (¡las transas!) en sí mismos, con lo cual pierden el brillo de semejante tesoro. Recordarlos, evocarlos de cualquier manera, es una forma de estropearlos, y por eso, no quieren saber nada del dinero ni de las transacciones mercantiles, porque ambos evocan demasiado bien esa realidad psíquica del incesto. El dinero amenaza con simbolizar el incesto y esto rompe el sortilegio (para los lacanianos: empaña el agalma).
Alguien podría pensar que las personas que huyen del dinero son malos comerciantes, ineficaces agentes económicos. ¡Error! Su economía es muy sabia porque atesoran el rico patrimonio del goce incestuoso, jamás superado en calidad por ningún otro tipo de fortuna.
Conclusión: podrán padecer una pobreza material, pero disponen de un inconciente amistoso, capaz de ofrecer satisfacciones que la mediocre realidad material nunca podrá alcanzar.
16.08.2008 11:56 / Mis artículos
— ¿Qué le pasa don Binladen que anda refunfuñando tan molesto?
— Es que la gente debe pensar que uno es idiota. Fijesé que todo el mundo está de vivo. Al panadero un día de estos le voy a decir algo. Siempre que le voy a pagar el pan, aprieta unos botones, la máquina hace un ruidito como para emitir el ticket y ¡jamás lo emite!
— Bueno pero a usted lo que le importa es que le venda buena mercadería y que le cobre lo justo. Lo del ticket es un problema de la DGI (1). Usted no se va a poner de inspector.
— No señor, está equivocado. Lo que le digo es que si yo gasto $ 123.- porque $ 23.- son de IVA, me tiene que cobrar solo $ 100.- si no me da el ticket. El precio que me cobra es el normal pero yo lo que quiero es que si no registra la venta, que no me cobre el 23% del IVA (2). ¡Se lo está robando! ¿Por qué no me lo descuenta? A mi me importa un bledo la DGI, lo que me recalienta es que el tipo me cobra un impuesto para disfrutarlo él. Si me lo descontara como hacen todos los demás cuando me preguntan si quiero boleta o no, estaríamos fenómeno. ¿Yo para qué quiero la boleta? ¡Lo que me interesa es gastar lo menos posible!
— Bueno, pero mire que eso pasa en muchos lados. Sin ir más lejos el otro día mi señora tuvo que consultar a un oculista muy renombrado, le cobró mil doscientos pesos y no le entregó ni un almanaque. Ellos están obligados a retener el 5% del IMESSA (3) y también se lo quedó él.
— Y bueno, es un chorro igual que el panadero. ¿Qué confianza le puede tener a un oculista si en sus propias barbas le está haciendo una evasión de impuestos? No me extrañaría que cuando le hizo la receta de los lentes también le haya sugerido que fuera a una óptica determinada.
— ¡Embocó! ¡Usted se las sabe todas Binladen!
— ¡Qué voy a saber! Estoy podrido de que me tomen el pelo. Se creen que uno vive dentro de una botella. A la sobrina que le pago el psicólogo tampoco le entregan un puto comprobante legal. ¿Qué puede salir de ese tratamiento? A mi no me importa que el tipo esté divorciado cuatro veces ni que el hijo mayor sea drogadicto, pero que se pase de vivo, eso no se lo banco...
— El otro día tuve que comprar un microondas y me dieron tremenda boleta con pie de imprenta, desglose del impuesto,...
— Ahí está, ¿ve? Compra un electrodoméstico y todo es legal y transparente…
—…, la casa está abierta al público, con un cartel luminoso en la puerta, Planilla de Trabajo (4) a la vista...
—… o sea que también está inscripta en el Banco de Previsión social; pero cuando se tiene que atender la salud, está lleno de clandestinos. Lo atiende un tipo que no se sabe si se recibió o no, en un apartamento escondido, tan informal como un vendedor de sombreros en la playa. ¿Sabe lo que hace el psicólogo de mi sobrina cuando ella le lleva el dinero? Se hace como que la plata no le interesa y le dice «Déjelo ahí» y ella tiene que llevarle el importe justo y dejárselo arriba de una mesita. Ya le dije a mi sobrina: «Ese tipo es un trucho y nos está subestimando a vos y a mí».
………
(1) Dirección General Impositiva de Uruguay (2) Impuesto al Valor Agregado: Gravamen al consumo de bienes y servicios. (3) El Impuesto Específico a los Servicios de Salud, grava con un 5% a todos los actos de salud. La Reforma Tributaria aprobada en diciembre de 2006 y cuya entrada en vigencia está fijada para el 01-07-2007, sustituyó este impuesto por el IVA básico del 10%. (Artículo 26 – Inciso D) (4) Formulario que contiene la nómina de empleados legalmente autorizados a trabajar en ese local.
09.08.2008 21:44 / Mis artículos
Por no usar las palabras adecuadas. La pregunta correcta es ¿Por qué tenemos vergüenza de ofrecer nuestro trabajo? Cuando queremos ser empleados por alguien, este alguien no puede hacer sólo lo que nosotros podemos hacer por él. No podemos decir que estamos ofreciendo ayuda porque esto connota gratuidad y lo que procuramos es vender nuestro trabajo a quien pueda necesitarlo. La vergüenza surge de una postura egocéntrica. Creemos que el otro nos dará algo a nosotros aunque en realidad somos nosotros los que estamos dispuestos a poner a su disposición nuestra energía, nuestra profesión, nuestras destrezas, nuestra eficiencia y demás capacidades.
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Inicio Sobre mí
Soy Fernando Mieres, egresado de la Facultad de Psicología de Uruguay con el título de licenciado. Amo y odio al psicoanálisis por partes iguales. Lo amo porque estoy seguro de que beneficiaría a cuantos lo conocieran y lo odio porque es tan arrogante que no se quiere ofrecer como un servicio más.
Con el amor, trato de difundirlo en términos que no sean para nada académicos -mi desafío es que me entiendan los niños de nueve años sin que se aburran- y al odio trato convertirlo en energía constru
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